viernes, 16 de octubre de 2020

domingo, 31 de diciembre de 2017

Viernes de Poesía y Cava Editorial Candaya Cava Romagosa Sánchez Aguilar PUBLICADO EL 25/11/2017 POR RUBÉN ROMERO SÁNCHEZ EN LITERATURA, POESÍA CON NO HAY COMENTARIOS EN LAS CÉLEBRES ÓRDENES DE LA NOCHE, DE DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR Por Rubén Romero Sánchez La noche es un bosque que no termina, escribe Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974), mientras cuenta la historia del miedo de los hombres, del miedo a lo desconocido, del miedo terrible a ser nosotros mismos los extraños, los temidos. Todo, en esta historia, hablará de ruinas, de fragmentos. / Así ha de ser el reino de lo humano, carente de forma determinada a la que asirnos, a la que tomar medida. Mary Shelley escribió un trasunto de Prometeo que, de tan rico, creó en sí mismo un mito cuyas imágenes perdurables siempre serán las del Boris Karloff de James Whale. La niña, la muchacha que se pierde en el bosque condensa en sí no solo toda la inocencia sino también nuestra incapacidad de dar forma a la realidad. ¿Quién nos representa más que una criatura sin nombre, una criatura que simboliza la imposibilidad del lenguaje, de la comunicación, del nombrar? En unas horas amanecerá sin sentido. / Con dedos bruscos e indiferentes de cirujano, / la luz sacará, sin asco ni compasión, / lo que mis entrañas escondían / esperando que creciera como un nombre. Cuando leí el último poemario de Diego Sánchez Aguilar sentí que hablaba de todos nosotros, que todos éramos los niños huérfanos que vagamos inconscientes del peligro que se cierne sobre nosotros: la propia condena de haber nacido, la certeza única de la inevitabilidad de la muerte: Las madres enseñan entonces a sus hijos / a salir a la calle tapándose la cara, / a esconder bien su nombre, cosido por dentro del abrigo, / para que no lo alcancen los afilados dedos de la nada; y recordé aquella película de Jeunet y Caro, aquellos niños perdidos que eran secuestrados para robarles sus sueños, y me pregunté si los sueños no son sino nuestro torpe afán por derrotar al vacío; también sentí que todos éramos el monstruo que anuncia el reino de la nada, pues todos tratamos de ser en la paradoja de una existencia absurda, juzgada culpable de antemano, y andamos a tientas por la oscuridad de los bosques, más como monstruos que como niños, más como carne muerta que se resiste a morir que como vida floreciente que aún conserva la esperanza, más como absurdos personajes que, como los de Thomas Bernhard en Corrección, anhelen immitar a Dios en su obra: O puede, Fritz, / que el abismo esté siempre, en todas partes, /esperando que levantemos la torre / que desvele la altura de su fondo. Sánchez Aguilar toma como excusa la película Frankenstein de 1931 para describir al hombre-dios, la hormiga insensata y ridícula que es refugio de lo minúsculo, y conforma un poemario de aliento épico-bíblico en el que no existe redención para el que busca respuestas: Por eso puede el hombre ser dios, leyenda, amor, / cualquier cosa donde pueda habitar la nada. Y nosotros lectores, como apóstoles ciegos, seguimos su palabra que no es reconfortante: Llegará un día el don de la derrota, y mostramos sumisión a la noche, al bosque, a la pérdida de la inocencia: Intenta ponerle un nombre. / Inténtalo, / y se te caerá la lengua, / como caen las hojas sobre el barro. Y el doctor Frankenstein, el moderno Prometeo, el olvidado actor Colin Clive que, borracho, busca la verdad entre tanto derrumbe, nos guiará: Haz como el monstruo: / recorre los caminos del tiempo sin palabras. Mira, Fritz, toca aquí: / a este hueco lo llaman alma. / A lo que cubre el hueco y le da forma, / lo llaman hombre. / Lo que queda fuera, / lo que la cicatriz esconde / y llena de estrellas el oído de la noche, / a eso lo llaman monstruo. / Y el monstruo anuncia el reino de la nada. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Frankenstein, 200 años moderno El 1 de enero de 1818 se publicó una modesta edición de la mítica novela en la que una precoz Mary W. Shelley plasmó los dilemas y avances de su época Otros6ConéctateConéctateImprimir TEREIXA CONSTENLA Twitter 29 DIC 2017 - 17:48 CET Basil Rathbone en 'La sombra de Frankenstein', de Rowland V. Lee. Basil Rathbone en 'La sombra de Frankenstein', de Rowland V. Lee. UNIVERSAL PICTURES / ALBUM Frankenstein nació de algo más que el desafío de Lord Byron junto a una chimenea con vistas al lago Lemán en el verano más frío del siglo XIX. Todo lo depositado por Mary Wollstonecraft Shelley en la narración que alumbraría un mito universal —inspirador de casi un millar de obras entre el cine, el teatro y el cómic— tiene relación con las circunstancias extraordinarias que la rodearon desde que nació el 30 de agosto de 1797 en Londres. A su alrededor el viejo mundo se había disgregado tras un atracón de revoluciones. La industrial se hallaba en plena sobreexcitación gracias al perfeccionamiento de la máquina de vapor de James ­Watt. La política digería la sobredosis de guillotina de Robespierre y compañía abrazando la vuelta al orden. Las ideas y la ciencia (aún llamada filosofía natural) se removían igual de convulsas, con las teorías de Lavoisier que inauguran la química moderna o las expediciones a los polos para profundizar en el magnetismo. Y todas aquellas revoluciones tomaban el té en su casa atraídas por su padre, el novelista y filósofo radical William Godwin (1756-1836), partidario de abolir la propiedad y contrario a toda forma de gobierno. El primer anarquista. El propio entorno doméstico se forja contra la convención. Godwin vivía con su segunda esposa, Mary Jane Clairmont, y cinco hijos de diferentes orígenes biológicos en lo que hoy sería una moderna familia reconstituida. Mary W. Shelley crece marcada por el pensamiento de su madre, la escritora y filósofa Mary Wollstonecraft (1759-1797), que la invita a formarse como una ciudadana concienciada antes que una esposa sumisa. Una madre ausente, cuya tumba era un frecuente rincón de lectura. La autora trasladará su experiencia de orfandad a la criatura literaria, que esparce dolor y muerte porque no tiene quien le quiera. Boris Karloff en 'El doctor Frankenstein', de James Whale. Boris Karloff en 'El doctor Frankenstein', de James Whale. En 1792, tras el éxito de un ensayo en defensa de la Revolución Francesa, Mary Wollstonecraft publicó Vindicación de los derechos de las mujeres, donde exigía la educación para las niñas: “Para hacer el contrato social verdaderamente equitativo, y con el fin de extender aquellos principios esclarecedores que solo pueden mejorar el destino del hombre, debe permitirse a las mujeres encontrar su virtud en el conocimiento, lo que es apenas posible a menos que sean educadas mediante las mismas actividades que los hombres”. Se considera el primer tratado feminista, en paralelo a la Declaración Universal de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana redactada por la francesa Olympe de Gouges, decapitada en París por querer llevar los derechos humanos demasiado lejos. PUBLICIDAD inRead invented by Teads Si el pensamiento de Mary Woll­stonecraft resultaba transgresor en sí mismo, su vida encarnó varios mitos románticos por sus desamores y sus dos tentativas de suicidio. Entre el episodio del láudano y el del río Támesis viajó por Escandinavia con su primera hija, Fanny, y una niñera. De la experiencia saldría un libro de viajes que entusiasmó a William Godwin: “Si alguna vez se escribió una obra con la intención de que un hombre se enamorara del autor, me parece que es esta”. Los dos escritores se hacen amigos, amantes y, por último, cónyuges entre burlas de la prensa conservadora (Godwin se había manifestado contra al matrimonio en escritos públicos). El miércoles 30 de agosto de 1797 nace la única hija de ambos, Mary. La filósofa ha pasado las contracciones leyendo en voz alta El joven Werther, de Goethe, con su marido. El mismo libro que en el futuro disfrutará en la ficción un engendro de dos metros y medio de altura y labios negros. Hija de dos filósofos radicales, los biógrafos sugieren que creció con más pensadores que afectos Tal vez Mary no se educó como habría deseado su madre, fallecida a los 11 días del parto, pero su padre estimuló su intelecto desde primera hora. Los biógrafos sugieren que creció con más pensadores que afectos. “Se sentía sola a menudo y carente de un sentimiento de identidad familiar”, señala James Lynn, “las relaciones con la segunda esposa de su padre eran pobres, y aunque Godwin le dio una buena educación, desatendió sus necesidades emocionales”. Mary podía escuchar en su casa al poeta Samuel Taylor Coleridge, al inventor William Nicholson o al químico Humphry Davy. Su padre la llevaba a conferencias sobre electricidad y a tomar el té con el divulgador del vegetarianismo John Frank Newton. Todo ese magma intelectual y creativo dejó huellas en Frankenstein: el capitán Walton alude a un poema de Coleridge (‘La balada del viejo marinero’) y el gigante mata, pero es vegano. En el mismo arranque de la novela se presenta un viejo amigo de Godwin: “En opinión del doctor Darwin, y de algunos fisiólogos de Alemania, los sucesos en los que se basa la presente ficción no son enteramente imposibles”. Retrato de Mary W. Shelley. Retrato de Mary W. Shelley. GETTY El médico y naturalista Erasmus Darwin, defensor de una teoría sobre el origen único de la vida y abuelo del autor de El origen de las especies, también se evocará en Villa Diodati en el frío verano de 1816. Horas antes de que Mary tenga la visión que alimenta Frankenstein, los poetas Lord Byron y Shelley rememoran uno de sus supuestos ensayos, según relata la propia escritora: “Al parecer había conservado un hilo de masa en un bote de cristal, hasta que, por algún extraordinario proceso, aquello comenzó a agitarse con un movimiento autónomo. (…) Quizá un cadáver podría reanimarse, el galvanismo había dado pruebas de cosas semejantes: quizá se podrían manufacturar las partes componentes de una criatura, y después podrían reunirse y dotarlas del calor vital”. La gran pregunta que se hace Victor Frankenstein —“¿Dónde residirá el principio de la vida?”— era la gran pregunta de la época. Ante la falta de respuestas precisas, triunfan los sucedáneos. La electricidad vive su minuto de gloria desde mediados del siglo XVIII. Los desvelos científicos de Benjamin Franklin, Luigi Galvani y Alessandro Volta coinciden con el trilerismo feriante. En su ensayo Mujeres y libros, el editor Stefan Bollmann recrea un popular espectáculo de “electrificadores”: “Ponían en marcha las ruedas de sus máquinas electrostáticas y enviaban descargas eléctricas a través de las manos de una cadena humana. Suspendían a una persona de tal forma que levitaba y hacían que la cabeza le brillara”. Incluso Percy Bysshe Shelley había tonteado con la corriente en Oxford, como detalla Charles E. Robinson, máximo especialista en la obra de Mary W. Shelley, en su introducción para una edición anotada para científicos y creadores publicada con motivo del bicentenario de la aparición de la obra: “Había construido su propia cometa eléctrica, había hecho saltar chispas con un aparato eléctrico y hasta almacenado el fluido de la electricidad en botellas de Leyden: esas pruebas sirven de base a los experimentos eléctricos del padre de Victor, Alphonse, en Frankenstein”. Cuando se publica de forma anónima en 1818 se especula con la autoría del poeta Percy B. Shelley El poeta Shelley también acabaría frecuentando el ágora doméstica de William Godwin, atraído por el pensamiento de un filósofo casi más célebre por controversias públicas como la que mantuvo con Malthus que por sus espesos tratados políticos. Percy era igualmente especialista en controversias: se había casado con la oposición de su influyente familia y acababa de ser expulsado de Oxford por propagar el ateísmo. Mary tiene 16 años cuando se fuga con él, aunque en seguida regresan por la falta de dinero. A partir de ahí sus biografías alimentan el mito de la perfecta pareja del romanticismo, con una sucesión de cimas literarias y cadáveres jóvenes: solo sobrevive uno de sus cuatro hijos y, a los 29 años, Percy B. Shelley se ahoga en Italia. En el futuro la escritora se alejará del malditismo y se preocupará por obtener la aprobación social para ella, su único hijo y el poeta muerto. Pero cuando Mary W. Shelley escribe su relato en 1816 para la competición sobre historias de fantasmas, que ha convocado Lord Byron en el verano más frío del siglo, tiene solo 18 años, un bebé vivo y otro muerto, y una relación escandalosa que finalizará con el suicidio de la primera esposa de Shelley. Ignora que está forjando un mito universal y que, en aquella familia donde solo contaban los que tenían méritos literarios, rebasará la popularidad de todos ellos. Robert de Niro en 'Frankenstein de Mary Shelley', dirigida por Kenneth Branagh. Robert de Niro en 'Frankenstein de Mary Shelley', dirigida por Kenneth Branagh. El 1 de enero de 1818, casi dos años después de la estancia en el lago Lemán, se publica Frankenstein o el moderno Prometeo con una tirada de 500 ejemplares. No lleva firma. Se especula con la mano de Percy B. Shelley (que aporta correcciones al manuscrito). Pero si algún incrédulo ha sobrevivido en estos 200 años, en 2013 perdió la última esperanza. Ese año salió a subasta por 477.422 euros un ejemplar de la primera edición dedicado a Lord Byron “por el autor”. La letra fue autentificada como la de Mary W. Shelley. En la segunda edición de 1823 (de tirada similar a la anterior), la escritora se identifica. En apenas tres años se realizan 10 adaptaciones teatrales diferentes, incluyendo paródicos finales sobre la muerte de la criatura, que irá alejándose de su cultivado espíritu original —leía a Plutarco, Milton y Goethe— para convertirse en el imaginario colectivo en un monstruo atornillado y algo bobalicón. La obra se emancipa de la autora. Sus lectores encuentran en Frankenstein lo que necesitan: terror gótico, anticipo de ciencia-ficción o un dilema ético sobre los límites de la ciencia. El día de Halloween de 1831 se lanza una tercera edición de 4.020 ejemplares. La escritora introduce cambios y acalla a los escépticos: “Ciertamente, no le debo a mi marido la sugerencia de ningún episodio, ni siquiera de una guía en las emociones, y sin embargo, si no hubiera sido por su estímulo, esta historia nunca habría adquirido la forma con la cual se presentó al mundo”. Firma su introducción como M. W. S., aunque la historia de la literatura prescindirá del apellido materno. Pero solo rastreando sus orígenes familiares y las circunstancias de los primeros años de su vida puede responderse a la pregunta que tantas veces le formularon a Mary W. Shelley: “¿Cómo es posible que yo, entonces una jovencita, pudiera concebir y desarrollar una idea tan horrorosa?”. Frankenstein. Mary W. Shelley. Edición de 1818, revisada y corregida por Charles E. Robinson. Anotada para científicos, creadores y curiosos en general. Traducción de José C. Vales y Vicente Campos. Ariel, 2017. 344 páginas. 20,90 euros. The New Annotated Frankenstein. Mary W. Shelley. Edición de Leslie S. Klinger. Liveright, 2017. 352
Mal va la cosa. Estamos arreglados con los últimos acontecimientos. El dislate Trump sigue insistiendo en sus injerencias contra la realidad más pedestre. Está agrediendo, con insistencia el más común de los sentidos
La cia reclama al presidente electo cautela en sus palabras.
http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-38342542

lunes, 13 de febrero de 2017

Zarabanda

2“El endemoniado son de la zarabanda”: Bailes eróticos en la España Moderna http://2congreso.arlac-ims.com/el-endemoniado-son-de-la-zarabanda-bailes-eroticos-en-la-espana-moderna/ Esta ponencia parte de la base que la zarabanda instrumental es una versión domesticada de una danza intensamente erótica que floreció en España y algunas partes de Hispanoamérica a finales del s. XVI y principios del s. XVII. La primitiva zarabanda era un baile cantado, muy criticado por los moralistas y las autoridades debido a su supuesta obscenidad, lo que tuvo entre otras consecuencias que un poeta fuera perseguido por la Inquisición en México (1569) y que el baile se prohibiera en España (1583 y 1615). Cervantes comento, en El celoso extremeño (1613), que “el endemoniado son de la zarabanda era entonces nuevo en España”. El historiador Mariana escribió en 1609 un capítulo entero censurando la perversión de la zarabanda, a la que se refirió Cervantes en 1613 como “el endemoniado son de la zarabanda” y Marino como “oscena danza” en L’Adone (1623). A pesar de su mala reputación, los investigadores no han conseguido todavía dar una explicación convincente del carácter subversivo de la zarabanda primitiva. Entre los pocos estudios existentes debe destacarse varias contribuciones de Devoto, que, a pesar de haber pasado más de medio siglo, todavía sigue siendo la referencia en muchos aspectos, mientras que Rico estudia su recepción en Francia y Hudson se ha preocupado fundamentalmente de la zarabanda instrumental. No se conserva ninguna partitura de las zarabandas cantadas, probablemente porque se trataba de un baile de tradición oral que se improvisaba a partir de determinadas fórmulas rítmicas y armónicas. Las fuentes conservadas consisten en unos 20 poemas, algunos con acordes de guitarra, una cantidad muy exigua si la comparamos con los cientos de seguidillas o jácaras que conocemos. En la ponencia se presentará una reconstrucción sonora de una zarabanda aplicando los patrones rítmicos habituales en la poesía cantada en español a sus acordes característicos; a continuación se analizarán los poemas conservados para ilustrar la prevalencia de referencias sexuales muy explicitas, y se examinarán referencias contemporáneas que sugieren que los gestos de los bailarines imitaban las acciones sexuales expresadas en los poemas. El elemento demoníaco de la zarabanda residiría pues en el contenido sexual de sus poemas, la representación gestual de los mismos y su capacidad de evocación erótica incluso cuando los textos habían abandonado cualquier referencia erótica, como ocurre con tres zarabandas a lo divino conservadas. La delicada danza francesa de mediados del siglo XVII, despojada ya de palabras y en donde los gestos habían sido suavizados, no es sino un paso más en el proceso de represión de la sexualidad que recorre el siglo, durante el cual fue impuesto “un triple edicto de tabú, inexistencia y silencio”, tal como sostiene Foucault (1979).

domingo, 14 de agosto de 2016

Cartas al aire.
Era una calle en medio del barrio. Barrio antiguo y pobre. En medio había un descampado en el se habían habilitado desde hace tiempo sillas, tarima (para realizar actividades sociales, artísticas y lúdicas (para los niños y los adolescentes vecinos). Una de ellas y me parece que la más reciente fue un homenaje a la  República destruida por el fascismo internacional y las corruptas democracias Euroamericanas de aquel entonces. Al final en las despedidas, Algo, en un gesto de querer y no atreverse,  rozó las comisuras de mis labio. Timideces y represiones de XXI.
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miércoles, 2 de diciembre de 2015


Opinions

Owen Jones desenmascara (también) a Artur Mas

Una de las cosas que ocultaron TV3 y Catalunya Ràdio a sus espectadores y oyentes es la identidad de los "expertos" que habían asesorado a Artur Mas para hacer su moderna Hacienda
El pasado domingo, gracias al programa Salvados, decenas de miles de personas descubrieron a Owen Jones, un escritor brillante y un analista político que está revolucionando –a pesar de su juventud– el panorama del pensamiento progresista inglés y, por extensión, el panorama político europeo en su conjunto. Y lo está haciendo gracias a un profundo retrato de los mecanismos del poder financiero para imponer su agenda. Un retrato que había hecho muchas veces pero que Jones vuelve a poner sobre la mesa con una capacidad descriptiva extraordinaria.
Un retrato que se centra en una Inglaterra pionera en la "revolución conservadora" que inició Margaret Thatcher a principios de los 80 pero que aún hoy continúa extendiéndose y consolidándose en todo el mundo. Por eso el análisis de Owen Jones sobre la estructura del poder en Inglaterra –y sus brutales consecuencias para la gente común– es tremendamente útil en cualquier rincón de Europa, incluido este rincón que se llama Catalunya.
Hoy, cuando en Catalunya se pone sobre la mesa la posibilidad de construir un "nuevo estado" o incluso la idea de poner en marcha un "proceso constituyente" para decidir qué tipo de sociedad queremos construir, es imprescindible estar atentos a las propuestas que nos ponen sobre la mesa. En su último libro El Establishment, la casta al desnudo, Jones explica la estructura de poder que desde hace más de 30 años está arrasando derechos, libertades y bienestar a millones y millones de ciudadanos británicos: medios de comunicación, élites financieras, policía y partidos políticos convertidos en correas de transmisión de los intereses de unos pocos, forman este retrato de un stato quo que cae de forma brutal sobre británicos, europeos y, en general, sobre los ciudadanos de todo el mundo globalizado... También los catalanes.
Una lectura detenida del capítulo 6 del libro – "Magnates y defraudadores fiscales"– nos da pistas para entender algunas variables de lo que está pasando en la política catalana. Ya dicen que a veces desde fuera las cosas se ven con más claridad. Así un capítulo de un libro escrito por un joven inglés sobre su viejo país nos da muchas pistas sobre el nuevo país del que habla Artur Mas.

¡ Una hacienda catalana! ¡ Viva!

El 27 de julio Mas presentó los fundamentos de "la hacienda de la Catalunya independiente". El anuncio sirvió para que el presidente pusiera sobre la mesa todo el arsenal de la épica con que la derecha catalana envuelve su discurso: "el intento más serio de los últimos tres siglos", "estamos preparados", " la gran oportunidad para construir algo mejor", "tenemos ideas, tenemos talento y tenemos personas" dijo rodeado de los "expertos" que parieron el plan y de una nutrida claque convergente, con la destacada presencia del consejero de Economía, Andreu Mas-Colell.
Los medios de comunicación privados "próximos" a Convergència lo aplaudieron sin rodeos. "Hacienda: propia y ambiciosa" ( El Punt Avui). Los medios públicos, por su parte, se limitaron a reproducir acrítica y vergonzosamente las ideas de la nota de prensa facilitada por el gobierno donde la idea central fue la de la "modernidad" de la hacienda catalana en contraposición al "obsoleto" sistema español. Una modernidad que tiene como punto más característico el paso "de un modelo de control y vigilancia a un modelo de confianza en la buena fe de los ciudadanos". Para terminar de dar "modernidad" al asunto, el Govern explicó que "el modelo se inspira en países avanzados como Australia o Suecia". Curiosamente, ningún periodista y ningún medio de comunicación se preocupó por enterarse de que este modelo tan moderno hace años que funciona en Inglaterra. Y aquí es donde entra Owen Jones y desmonta el montaje del señor Mas.
Una de las cosas que ocultaron  TV3 y Catalunya Ràdio a sus espectadores y oyentes es la identidad de los "expertos" que habían asesorado a Artur Mas para hacer su moderna Hacienda. Alguien fue lo suficientemente listo como para ver que no era una muy buena carta de presentación informar a los catalanes que la Generalitat había encargado el diseño del modelo tributario catalán a firmas como PWC, Deloitte o KMPG, implicadas en gravísimos escándalos de evasión y elusión fiscal en escala industrial (LINK). Owen Jones ha retratado estos "expertos" con mucha claridad:
"Estas empresas son representantes de algunas de las peores mentalidades y prácticas del establishment británico: la ansia incansable de concentrar riqueza en pocas manos, la erosión de las barreras entre los intereses privados y el Estado y un rechazo ideológico de este último, que utiliza para justificar la negativa a contribuir a mantener sus servicios y sus funciones básicas".
Esta "erosión" llega a todos los ámbitos donde está presente el estado: sanidad, educación, gestión de datos, servicios sociales, etc. Todo ello es para ellos un estorbo, tal y como se puede ver en sus informes anuales, donde cargan sistemáticamente contra todo aquello que haga hedor de público. Pero no contentos con ello, estas consultoras han iniciado hace tiempo una batalla a nivel global para ir a la misma "placa base" del sistema social: la fiscalidad, base de toda política redistributiva, es su principal objetivo.
"Las empresas de contabilidad –explica Owen Jones– ayudan a redactar las leyes fiscales y luego asesoran a sus clientes para que puedan eludir las (...) al socavar la legitimidad de la ley y al fusionarse con la maquinaria misma del Estado, la élite adinerada que no paga impuestos supone una amenaza real a la democracia. Y en el centro de esta conspiración están dichas cuatro grandes firmas de contabilidad: Ernst & Young, PWC, Deloitte y KPMG"
Estos son los "expertos" contratados por Artur Mas para definir el modelo de fiscalidad del "nuevo país".

La confianza da asco

Como decíamos, el modelo de Hacienda catalana fue publicidad como el súmmum de la modernidad. Según la web de Presidencia de la Generalitat de Catalunya la Hacienda catalana "prioriza la cooperación con el contribuyente por delante del control y el castigo". Arriba, bien grande: "cooperación y confianza". Parece que la idea es "colaborar" con los contribuyentes en vez de perseguirlos. Y aquí es donde deberían saltar todas las alarmas. En primer lugar, porque el uso genérico de la palabra "contribuyente" es perverso: no es lo mismo el asalariado, el autónomo o pequeño empresario que la gran multinacional. Todos somos "contribuyentes" pero la capacidad de relacionarnos con la administración no es la misma.
Así, la capacidad de "colaborar" con Hacienda de un asalariado se resume básicamente en callar y pagar lo que le toca. En cambio, si hablamos de una gran multinacional, la cosa cambia. Nos explica Owen Jones:
"Los ricos pueden contratar un ejército de contables (consultoras) y abogados para evitar pagar la cifra de impuestos que les manda la legislación. (...) Las empresas de contabilidad ayudan a redactar las leyes fiscales y luego asesoran a sus clientes para que puedan eludirlas"
Mas, pues, encarga el diseño de las normas de la Hacienda catalana a las mismas consultoras que luego ayudan a las empresas a saltarse estas mismas normas.
"En lugar de limitarse a proporcionar asesoramiento técnico y objetivo –explica Jones– las grandes consultoras utilizan esta información para encontrar la manera de que sus clientes puedan abrirse paso entre la legislación... y esto representa un manifiesto conflicto de intereses"
Un conflicto de intereses que los periodistas de nuestro país pasaron totalmente por alto.
"Esta manera de trabajar lleva a los contables de las grandes empresas al corazón mismo del poder, donde obtienen toneladas de información sobre la naturaleza de las leyes fiscales británicas; esto les da una ventaja enorme a la hora de decir a sus clientes como pueden eludir esta legislación (...) Cuando la Comisión de Investigación del fraude fiscal del Parlamento de Inglaterra los interrogó KPMG (una de las empresas diseñadoras de la hacienda catalana) también admitió que quizá existiera la percepción de que la gran empresa, a través de sus relaciones con las grandes firmas de contabilidad, tenía un acceso privilegiado al diseño y la implantación de políticas fiscales que la pequeña empresa no tiene. Más claro, el agua"
Y continúa Jones:
"Después de que la coalición (gobierno formado por conservadores y liberales) llegara al poder en 2010, KPMG transfirió personal a Hacienda con la misión de elaborar normas relativas al "control de sucursales extranjeras" y los "incentivos fiscales a la innovación". Después de ofrecer esta asesoría a Hacienda, KPMG imprimió una serie de duendes sobre estas normas donde se jactaban de su papel de asesora del gobierno"
Resumiendo, el Parlamento inglés llegó a la preocupante conclusión de que "las cuatro empresas parecen utilizar el conocimiento privilegiado de la legislación para venderle a los clientes servicios de asesoría enfocados a utilizar la legislación (que ellos mismos diseñaban) para pagar menos impuestos”. Tres de estas cuatro empresas son las que han diseñado la Hacienda de Artur Mas.
El inspector del Departamento de Ingresos y Aranceles del Reino Unido, Richard Brooks, resume la situación:
"Las actitudes cambiaron de verdad a partir de los años noventa. La mentalidad en el Departamento pasó del típico escepticismo que esperas de un organismo regulador y de investigación a una actitud de confianza implícita. El Departamento basaba su trato con las grandes empresas en la confianza, al crear una sociedad, una relación empresarial donde, en vez de inspectores, había "managers de relaciones con el cliente (...) En definitiva, se trataba de creerte lo que te dijeran (...) Si cuestionabas todo esto te trataban de dinosaurio, de enemigo de la modernización".
Nos habla la nueva Hacienda catalana de "cooperación y confianza". Hoy, en plena construcción del "nuevo país" convergente, las políticas a medida del gran poder financiero se nos presentan como el colmo de la modernidad y la construcción de un estado subyugado a las élites económicas, se disfraza de "soberanía" y la claudicación de la administración ante el poderoso se vende como "confianza". En Inglaterra hace años que saben lo que significa esa confianza y Owen Jones lo explica con claridad. En nuestras tierras hace mucho que sabemos que muchas veces "la confianza da asco", sobre todo cuando se nos pide que confiemos en evasores fiscales a escala industrial. Un país muy viejo.
PD: Puede que alguien caiga en la tentación de pensar que todo es un abstruso combate dialéctico sobre la naturaleza de los sistemas fiscales. Pero sus efectos son bien palpables. Jones nos cuenta como esta trama fiscal permitió a Vodafone –que tenía que pagar 6.000 millones de euros en impuestos– terminar pagando 1.250 millones gracias a un "acuerdo extrajudicial".
"Como el caso se eternizaba, el director del Departamento de Aranceles, Dave Hartnett, trasladó el caso un departamento más flexible. Al final emitió una factura por ochocientos millones cuatrocientos cincuenta millones a pagar en un lustro. Una decisión que se tomó sin consultar para nada a los fiscales del Departamento de Aranceles ni especialistas en legislación fiscal".
Así está la cosa...

domingo, 30 de agosto de 2015

viernes, 12 de junio de 2015

Desde mi humildes entendederas no puedo llegar a explicarme el nombramiento para gerente del mismo del Sr. Jordi Martí.
Jordi Martí –ha estado vinculado profesionalmente a la gestión cultural desde hace mucho tiempo, desde el Pati Llimona en los años noventa del siglo pasado hasta el Icub, últimamente - abandonó el PSC tras ser derrotado por  Jaume Collboni en las elecciones primarias para designar candidato a la alcaldía.
Y pasó a militar en la nueva formación Moviment d'Esquerres (MES), fruto de la unión de los escindidos del PSC Nova Esquerra Catalana  liderado por Ernest Maragall y Moviment Catalunya de Joan Ignasi Elena.

En las últimas elecciones, MES se presentó en coalición con ERC con Alfred Bosch como cabeza de lista republicano. Se le ofreció a Martí ir en el segundo puesto de esta candidatura, pero el exsocialista lo rechazó. Desde ERC han explicado este martes que la oferta de Colau a Martí no forma parte de las negociaciones entre los republicanos y Colau.

Jordi Marti  fue delegado en el Institut de Cultura de Barcelona (Icub) en el último mandato del PSC al frente del ayuntamiento, recogiendo así el relevo de su mentor, Ferran Mascarell.
Tras la pérdida de la alcaldía, y después de un breve interregno, Martí cogió las riendas del grupo municipal socialista en sustitución de Jordi Hereu. En los casi dos años que ejerció al frente del grupo chocó innumerables veces con la federación del partido y, tras perder las primarias contra Collboni, rompió el carnet del PSC.”
Una trayectoria que no es de los más  encomiable que digamos.

Por delante vaya el haber elevado el tema del soberanismo (Independentismo, no nos engañen) cuando no se hablaba de esto ni era el momento de traerlo a colación cuando el run run estaba apagado y además haciendo con premura las visita a ANC y Omnium.